Primera parte.
Lectura en Santiago 3:1-6
«Hermanos míos, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con más severidad.2 Todos fallamos mucho. Si alguien nunca falla en lo que dice, es una persona perfecta, capaz también de controlar todo su cuerpo.
3 Cuando ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, podemos controlar todo el animal.4 Fíjense también en los barcos. A pesar de ser tan grandes y de ser impulsados por fuertes vientos, se gobiernan por un pequeño timón a voluntad del piloto.5 Así también la lengua es un miembro muy pequeño del cuerpo, pero hace alarde de grandes hazañas. ¡Imagínense qué gran bosque se incendia con tan pequeña chispa!6 También la lengua es un fuego, un mundo de maldad. Siendo uno de nuestros órganos, contamina todo el cuerpo y, encendida por el infierno, prende a su vez fuego a todo el curso de la vida.»
Queridos Hermanos(as) lectores de la Palabra de Dios. La epístola de Santiago está llena de temas relacionados con la genuina vida cristiana. Está llena de exhortaciones y de consejos a seguir. El capítulo tres de la epístola, está dedicado al cuidado que debe tener el creyente en su hablar. Habla de la lengua como un miembro pequeño en nuestra boca que nos ayuda para comunicarnos con las demás personas y pronunciar palabras agradables, o palabras subidas de tono, desagradables al oído de otras personas, palabras ofensivas, palabras que después se quieren recoger, pero difícil de lograrlo.
El creyente que vive una vida profunda en Cristo, tiene dominio sobre su lengua con la ayuda del Espíritu Santo. Llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia de Cristo.
Dios los bendiga.
Hermana Zobeida Brito
**Toda referencia bíblica es tomada de la Biblia Nueva Versión Internacional**